Si, históricamente, Serbia había entrado en escena el 28 de junio de 1914 con ocasión del asesinato del Archiduque Francisco Fernando en Sarajevo, luego, el pequeño país balcánico, encajado entre los grandes gigantes europeos, parece desvanecerse. La batalla de las fronteras, la invasión de Bélgica, el Marne, Tannemberg y los lagos masurianos, incluso la ofensiva de Galizia ganan relevancia, y pocos son los que parecen fijarse de nuevo en el pequeño país balcánico, cuya capital se halla, al otro lado del Danubio, a apenas unos pocos cientos de metros de la frontera Austro-Húngara.

Precisamente por la cercanía de su capital y por sus larguísimas fronteras (tanto con el imperio como con Bulgaria), el Voivoda Radomir Putnik, Jefe de Estado Mayor del príncipe regente Alejandro I y comandante efectivo de los ejércitos serbios, ha decidido no presentar batalla sobre estas, sino desplegar sus fuerzas más hacia el interior, aprovechando los cauces fluviales como línea defensivas, con la intención de contraatacar en caso de ser posible.