Eran las 8.53 horas del 26 de octubre de 1942 cuando, no lejos de las islas Santa Cruz, la flotilla aérea del capitán de Corbeta Murata Shigeharu avistó el portaaviones norteamericano USS Hornet, navegando con su escolta. Estaba más cerca el USS Enterprise, pero, oculto bajo una borrasca, los japoneses no podían verlo. A esa misma hora, a bordo del portaaviones avistado, los aparatos japoneses aún son visibles, pero saben que están allí. El crucero Northampton ha indicado con claridad la existencia de una señal “bastante grande”, y el teniente de navío Fleming, director de caza del portaaviones, envía de inmediato dos divisiones de cazas (de cuatro aparatos cada una) hacia el objetivo.
Maniobra tal vez acertada la del director de caza del Hornet, pero la
responsabilidad de defender a la flota no es suya sino del capitán de fragata
Griffin, su homólogo en el Enterprise, quien ya había enviado aviones hacia el
enemigo, pero con instrucciones de no alejarse más de 24 km de la base y a
una altitud de 3000 (recuérdese que era la altitud a la que se mantenían los
Wildcat estadounidenses para no gastar oxígeno ni combustible en exceso). Cuando
poco después, el teniente de navío Hessel, del Hornet, avistó 55 aviones
japoneses, estos se hallaban a 5200 m. A más de 2000 m por encima de los norteamericanos,
era casi como si se hallaran en la luna.
Nació en 1915 en una granja cerca de Sioux Falls, en Dakota del Sur. Se enamoró de los aviones el día que su padre lo llevó a ver a Charles Lindbergh a un aeródromo cercano.
En 1940 se había graduado en administración de empresas y había conseguido su licencia de piloto privado. Acto seguido, se alistó en el Cuerpo de Marines e ingresó en el programa de cadetes para la aviación naval. Después de graduarse a la edad de 26 años, Foss fue considerado demasiado mayor para el combate y destinado como instructor de vuelo al Centro de Entrenamiento de la Marina en Pensacola. Posteriormente, ingresó en la Escuela de Fotografía de la Marina y fue trasladado al 1.ª Escuadrilla Fotografía de Maine, que tenía su base en San Diego, California.
Los norteamericanos habían recibido ya muchos indicios de que venían los japoneses, no solo por sus aviones de observación, también al rada. A las 8.41, mientras los cazas japoneses se batían con la escuadrilla del Enterprise, el crucero Northampton detectó la llegada del enemigo a unos 100 km de distancia en dirección 295º. Convencido de que los radares de los portaaviones también habrían “visto” lo que sucedía, el Northampton se limitó a emitir señales de banderas y a mantener el rumbo. Formaba parte de la escolta del Hornet.
El gran portaaviones estaba bien defendido. A su misma altura, a babor,
navegaba el Pensacola, y a estribor el ya citado Northampton. Más hacia popa
los seguían el San Diego (babor) y el Juneau (estribor), dos cruceros ligeros
especialmente equipados para la defensa antiaérea; y los destructores se habían
dividido en dos grupos de tres: el Morris, Mostin y Hughes delante y el Barton,
Russel y Anderton detrás. Así, el gran portaaviones navegaba en medio de un
círculo de buques erizados de cañones antiaéreos. Esto, junto con sus propios
cazas, debía de ser más que suficiente.
Hay algunos problemas para especificar el momento preciso en que los japoneses hicieron despegar su segundo grupo de ataque, en parte debido a que durante el bombardeo del Zuhio el personal de apoyo había arrojado bombas y torpedos por la borda, a fin de evitar una nueva catástrofe como la de Midway. Lo que sí podemos afirmar es que a las 8.10 horas el Shokaku había lanzado varios Zero (entre ocho y cinco, según las fuentes) y una escuadrilla de bombarderos en picado Val (diecinueve o veinte aparatos). También que media hora después el Zuikaku lanzó catorce (puede que dieciséis) torpederos Kate escoltados por cuatro Zero, pero para entonces los aviones del Shokaku ya se habían marchado. También a esa hora, el Hornet aproaba al viento para lanzar su segunda oleada de ataque, con nueve SBD Dauntless, nueve TBF Avenger armados con bombas en vez de torpedos y ocho F4F Wildcat, de los que uno tuvo que volver casi de inmediato. Con ellos marchó el Avenger, desarmado, del capitán de fragata Rodee, para evaluar el ataque.
Con las escuadrillas de ambas flotas dirigiéndose hacia el enemigo, era
inevitable que las unidades aéreas de ambos bandos se cruzaran. A las 8.40
horas, el teniente Saneyasu Hidaka, que comanda una escuadrilla de 9 Zero del
Zuhio integrada en el primer grupo de ataque nipón, vio como el cielo se llenaba
de puntitos. Eran los norteamericanos, y aunque su misión era escoltar a los
bombarderos y a los torpederos, el deseo de vengar a su herido portaaviones
pudo más que la prudencia e inició la maniobra de ataque.
Según el modelo de avión, los pilotos kamikaze tenían varios métodos de ataque recogidos en manuales de ataque entregados por las fuerzas aéreas del Ejército y de la Marina.
A primera vista, el método de ataque en altura recomendado a los pilotos kamikaze parecía ser el modo más simple y potencialmente destructivo. Consistía en una aproximación al blanco a unos 6.000 metros de altura y picar en un ángulo suave desde el punto de avistamiento, que podía estar hasta unos 16 kilómetros de distancia, hasta situarse en la vertical del blanco, punto en el que se efectuaba un picado casi vertical desde una altura de entre 1.500 y 1.800 metros.
Son las 6.58 horas del 26 de octubre de 1942. Apenas han pasado unos minutos desde que el Zuhio fue alcanzado en su cubierta de vuelo y obligado a retirarse de la batalla, cuando el oficial de complemento Ukita Tadaaki informa del avistamiento de un portaaviones escoltado por otros cinco barcos; y poco después concreta indicando que es de la clase Saratoga y que va escoltado por otras quince naves. Se trata de un error, pues los norteamericanos no tienen ningún buque de esta clase en la zona, pero no se equivoca el japonés al especificar que el portaaviones se halla a 340 km, rumbo 125º de la 1.ª División de Portaaviones de Nagumo.
La noticia es de suma importancia pues en ese momento los japoneses
creían estar navegando hacia su enemigo, y en realidad lo estaban dejando al
sur, es decir, se estaban metiendo en una emboscada. Sin embargo, como en casi
todos los avistamientos y comunicaciones de esta batalla, algo no estaba bien.
El avión de Ukita es el número cuatro, pero se ha identificado como el número
uno, lo que hace que la ubicación que comunica resulte sospechosa, pues el
avión número uno tenía asignada otra zona de búsqueda. La cosa se complica
cuando, poco después, un avión del Zuikaku (el número cuatro era del Shokaku)
informa del avistamiento de un segundo portaaviones. Al final, los japoneses
van a cortar por lo sano y, ante el temor de que se produzca una nueva
catástrofe como la de Midway (la pesadilla personal de Nagumo), deciden dar por
buenos los informes recibidos y se aprestan para la batalla.
Entretanto, tras recibir el mensaje de los Dauntless que ubica a los portaviones en dirección 300º a entre 300 y 320 km, Kinkaid ordena virar con rumbo 330 y aumentar la velocidad a 27 nudos. Son las 7.08 horas y ambas flotas avanzan ya, decididamente, una hacia otra. Entre las 7.32 y las 7.43, tanto el USS Enterprise como el USS Hornet viran, aproan al viento y lanzan sus escuadrillas.
Del primero, que tiene 20 Dauntless en misión de búsqueda y que ha perdido
varios aviones el día anterior, por lo que su grupo aéreo no es tan numeroso despegan:
3 SBD Dauntless de la escuadrilla Bombing 10 pero conducidos por pilotos de la escuadrilla Scouting 10 bajo el mando del alférez de fragata George Glen Estes.
8 TBF Avenger de la escuadrilla Torpedo 10 bajo el mando del capitán de corbeta Jack Collet.
8 F4F WIldcat de la escuadrilla Fighting 10 bajo el mando del también capitán de corbeta Jimmy Flatley.
y un 1 TBF Avenger desarmado pilotado por el capitán de fragata Gaines para evaluar el ataque.
Estos aviones debían, inicialmente, unirse a los que despegan del Hornet, pero los norteamericanos no tienen doctrina ni práctica alguna en fusionar en vuelo escuadrillas de diversos navíos, y al final se les dice que vuelen por su cuenta.
En lo que al Hornet se refiere, su fuerza de ataque llevaba lista desde
el día anterior, por lo que no solo va a lanzar más aviones, sino que lo hace
en un tiempo récord. En total, del Hornet parten:
15 SBD Dauntless de las escuadrillas Bombing 8 y
Scouting 8 bajo el mando del capitán de corbeta William J. “Gus” Widhelm.
6 TBF Avenger de la escuadrilla Torpedo 6 bajo
el mando del teniente de navío Edwin B. “Iceberg” Parker.
Y 8 F4F Wildcat de la escuadrilla Fighting 72,
equipados con depósito de combustible suplementario, bajo el mando del capitán
de corbeta Henry Sanchez.
Los aviones del Hornet no solo no se unirán con los del Enterprise,
como hemos dicho ya, sino que van a dividirse a su vez en dos grupos. Los
bombarderos, escoltados por cuatro Wildcat, suben hacia las alturas, mientras
que los torpederos, escoltados por los otros cuatro, van a volar hacia el
enemigo a 240 m de altura.
Con sus fuerzas en vuelo, ambos portaaviones retoman el rumbo hacia el
enemigo mientras reúnen los aviones que les quedan a fin de lanzar una segunda
oleada.
Mientras la máquina aeronaval estadounidense se despliega, suceden
cosas extrañas a su alrededor. A las 7.15 horas el crucero Northampton había
informado de un contacto radar que ninguno de los portaaviones ha sido capaz de
obtener; y a las 7.37 el acorazado South Dakota indica haber interceptado
conversaciones de radio en japonés. Sin duda, el enemigo también está ahí
fuera.
Son las 6.12 horas de la mañana del 26 de octubre de 1942. No hace ni una hora que ha salido el sol, cuando un solitario avión del Shokaku, un Kate, el explorador número 4, sobrevuela la inmensidad de un océano que no está vacío. Finas líneas se dibujan sobre el mar, son las estelas de los grandes buques estadounidenses. El piloto, como para demostrar que no son solo los exploradores norteamericanos los que se extasían ante el descubrimiento de la escuadra enemiga, pierde tiempo sobrevolando y observando la formación enemiga en vez de informar de inmediato de lo que ha avistado, a 320 km al sudeste de donde navega la 1.ª División de Portaaviones.
Mientras, los Dauntless enviados por el USS Enterprise sobrevuelan un mar lleno de agrupaciones japonesas: la fuerza de Kondo, la vanguardia de Abe, la 1.ª División de Portaaviones de Nagumo. Son tantas que resulta improbable no toparse con alguna. A las 6.17 son divisados los de Abe, a las 6.45, aparecen los portaaviones de Nagumo. Los “descubridores” (otra vez) son los Dauntless pilotados por los capitanes de corbeta Lee y Johnson, que quince minutos antes se han cruzado con uno de los Kate de exploración japonés, que vuela en dirección contraria. Sería interesante meterse en la mente de los pilotos en ese momento: ¿ataco al enemigo o sigo adelante con mi misión? En el caso norteamericano, como hemos dicho, el éxito acude a la cita. También será así para el japonés.
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